Confesiones de una escritora desinspirada. Semana 3

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Confesiones de una escritora desinspirada. Semana 2

Semana 3

Ya han pasado casi tres semanas desde la última entrada de Confesiones de una escritora desinspirada y debo entonar el mea culpa. La reincorporación laboral me está pasando factura. La consabida falta de tiempo y la dificultad de crear una rutina a consecuencia del trabajo a turnos. Sé que muchos pensarán que tan solo es una excusa, pero, sinceramente, cuando llego a casa, por muchas ganas que le ponga, mi cerebro activa el modo off. Lo único que me apetece es descansar —fines de semana incluidos—; a lo sumo, leer algunas páginas de uno de los libros que estoy tomando como base a la hora de documentarme para mi próxima novela y realizar pequeñas anotaciones o, en el mejor de los casos, escribir un par de párrafos de los posts que algún día —si es que a este ritmo los termino— publicaré… Nada más. Es por ello que admiro a todos aquellos autores que son capaces de compaginar sus trabajos —a jornada completa— con la escritura creativa. Lo digo en serio.

Pero no todo son lamentos. Al contrario. El chute de energía positiva escritoril que tengo inyectado en vena desde el pasado fin de semana es increíble. Y todo gracias al IV Congreso de Escritores, celebrado en Gijón del 28 al 30 de abril, y al que tuve la gran suerte de poder asistir. Esta fabulosa iniciativa, organizada por la Asociación de Escritores Noveles —a la que felicito por su gran labor—, nos permitió a todos los asistentes disfrutar durante tres días de una serie de charlas, coloquios, debates y talleres en torno a temas que forman parte del día a día del escritor, como son la edición, la publicación, la promoción, la venta de obras y las técnicas creativas. En El ágora de las letras publicaré un post hablando de todo ello 😉

Pero, sobre todo, lo mejor de este congreso ha sido conocer a mis infatigables compañeros de afición y a grandes profesionales consagrados, como Víctor del Árbol (Premio Nadal 2016 y Caballero de las Letras y las Artes de la Academia Francesa) o el bestseller Enrique Laso. Sus palabras de ánimo, sus vivencias, compartir experiencias, intercambiar puntos de vista, sus consejos… me han hecho salir de allí con una enorme sonrisa dibujada en la cara, mil ideas en la cabeza para plasmar en el papel y deseosa de reencontrarme con todos ellos el próximo año. Porque un evento de tales características es una experiencia única para todo amante de la escritura.

Pero este IV Congreso de Escritores me supuso algo más: Afianzar esa voz interior que llevaba bastante tiempo susurrándome que se había despertado en mí una vocación con demasiada fuerza: la de editora —a pesar de ser una profesión difícil en los tiempos que corren—. Si algo no puedo negar, es que los libros son mi gran pasión 🙂 .

El próximo lunes 14 no habrá entrega de Confesiones de una escritora desinspirada (la siguiente será el día 21). ¡Hasta entonces, mis querid@s birsian@s!

Confesiones de una escritora desinspirada. Semana 4

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