Confesiones de una escritora desinspirada. Semana 7

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Confesiones de una escritora desinspirada. Semana 6

Semana 7

Hoy, en cierto modo, me voy a tirar piedras contra mi propio tejado. Pero me da igual; necesito confesároslo.

Como lectora, me gusta alternar el género romántico con el histórico. Ahora estoy leyendo La bóveda, de Manuel Sánchez Bercedo. Una novela ambientada en la Venecia de principios del XVII, cargada de intriga. Muy recomendable 🙂 . Sin embargo, no puedo decir lo mismo de los libros de romántica que han pasado por mis manos en los últimos meses…

Puestos a ser sinceros, en lo que va de año puedo contar con los dedos de una mano —y me sobran— los que he sido capaz de terminar. Y es que no me paro de encontrar con historias huecas y superficiales en las que la protagonista, o bien es superdivina de la muerte, o arrastra la autoestima por el suelo. No hay un término medio. Y cuando lo hay… Zasca, aparece el topicazo que más odio: El protagonista empresario-buenorro. Y no hablo del propietario de una PYME que practica running en sus ratos libres. No, no. Me refiero a todo un Mister Universo en potencia con una cuenta bancaria bien nutrida y un largo historial de novias esculturales —y que nada tienen que ver con nuestra protagonista—. Otro «clásico», en este caso dentro del subgénero romántico histórico, son los nobles que suspiran por sus cortesanas… En serio, no puedo con estos clichés. Ni, dicho sea de paso, con el de empotrador de gimnasio y rostro apolíneo, los que abundan por doquier…

Llamadme rara, pero mi idea de género romántico es diferente. Llegados a este punto, soy consciente de que mi opinión puede generar cierta polémica…

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La base de toda novela romántica —¡que no erótica!— es, sin duda alguna, una historia de amor. Y por todos es sabido que para el amor no existen barreras. Por suerte. Ya que eso es lo que lo convierte en maravilloso —sí, soy una romántica empedernida, lo reconozco—. No obstante, en muchísimas de las novelas —que no en todas, ojo— los personajes parecen enamorarse de forma light, dando la sensación —o al menos a mí— de ser un amor pasajero. Me explico. No transmiten los sentimientos con la fuerza con la que lo hacen los grandes clásicos. Incluso las escenas de sexo parecen, a veces, metidas con calzador. «Pero hay que incluirla(s) por demanda popular», como me han dicho y he leído en más de una ocasión. Pues, sinceramente, tengo que confesar que si de algo me arrepiento, es de haber metido una escena de cama en Contando estrellas. Y os puedo asegurar que entre Sira y Enzo tensión sexual precisamente no faltaba… ¿Dónde queda la pasión del día a día, el conocerse y descubrir cosas uno del otro —y no me refiero a ese tatuaje en la nalga, vehículo para contar el pasado chungo del prota adonis-millonario—, esas sonrisas sinceras sin carga erótica alguna que te hacen suspirar y te aceleran el corazón? Insisto, es una percepción personal y puede que esté equivocada, pero me parece que en un gran número de obras —solo hace falta leer la sinopsis— sobra física y falta química.

Por cierto, no me malinterpretéis. Contando estrellas no es, ni mucho menos, perfecta. Aunque haya tratado de no caer en los tópicos de los que, como lectora, huyo, con seguridad he cometido otros.

Centrándonos ya en mis avances escritoriles, esta semana no he podido dedicarle tiempo a la escritura, pero he aprovechado el fin de semana para hacer una visita muy especial: Conocer en persona el escenario donde voy a desarrollar la novela 🙂 . Si en fotos me había fascinado, ahora me tiene atrapada por completo. Sin duda, un lugar maravilloso para perderse 🙂 .

Y es que la trama no tendrá como telón de fondo un paraje exótico —entiéndase por tal una isla remota del Índico o un pequeño asentamiento en la Ruta de la Seda—, sino un paisaje europeo sacado de un cuento de hadas. Porque, para mí, la novela de paisaje —en inglés, ‘landscape’— puede estar ambientada en cualquier rincón del planeta siempre que, además de ser inspirador, despierte un sentimiento de bienestar. Pero esa reflexión la dejo para otro día 😉 .

¡Hasta el próximo lunes, mis querid@s birsian@s! #novelalandscape 🙂

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