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Hace tiempo que le has puesto el punto final a tu novela. El borrador se ha convertido en manuscrito tras los pertinentes repasos y ha sido sometido a una exhaustiva corrección ortotipográfica y de estilo —siempre por un profesional, no lo olvides—. Ahora sí, ¡ya está listo para maquetar y enviarlo a la imprenta!
Pero ¿y si no queda tal como había imaginado? ¿O si parte de mis textos han sido eliminados por error? ¡Una vez impreso he visto que el texto está centrado y no justificado como en el original! ¿Cómo puedo asegurarme de que todo está en orden? Una buena revisión de la prueba de maquetación, o dicho con otras palabras, una minuciosa corrección de compaginadas, te ayudará a eliminar todos esos miedos 😉.

Dentro de la literatura de ficción, la novela romántica es, sin ninguna duda, la que cuenta con mayor número de subgéneros. No en vano, el amor es el motor que mueve el mundo. Pero ¿qué se entiende como tal? ¿Cuáles son las características que debe tener una obra para ser incluida en uno u otro subgénero o incluso en varios?
La RAE define los subgéneros como cada uno de los grupos particulares en que se divide un género, en este caso, literario. Dichos grupos se establecen en función de unas tipologías concretas.
Partiendo de esta premisa, con el fin de estandarizarlos y de facilitar la catalogación y búsqueda a editoriales, distribuidoras y librerías, entre otros, la asociación empresarial estadounidense Book Industry Study Group (BISG) ha codificado las diferentes materias literarias atendiendo a rasgos comunes de forma y contenido.

No cabe duda de que la autopublicación ha irrumpido con fuerza en el panorama editorial actual. El acceso a Internet y la aparición de portales que facilitan a los escritores todo tipo de recursos para hacer realidad su sueño de publicar un libro, algo que hasta hace bien poco era muy difícil, son básicamente los ingredientes necesarios de esta fórmula editorial —que no es nueva— a la que los autores comienzan a recurrir con bastante frecuencia; tanto, que hasta las grandes casas editoriales están creando nuevos sellos especializados en autopublicación.
Pero ¿por qué es tan atractiva? Uno de los principales motivos es la dificultad de que un manuscrito sea valorado por una editorial tradicional —en especial si se trata de un autor novel—, si bien la rentabilidad de las ganancias generadas con la venta de libros, la posibilidad de figurar en el catálogo digital de librerías —tanto físicas como virtuales— a nivel mundial y el hecho de que sea el autor quien controla en todo momento el proceso editorial son los factores clave.

Desde hace unos años, un rumor apocalíptico corre en torno al libro en papel: éste ha llegado a su fin. Y el culpable de todo no es otro que el e-book. La irrupción de las nuevas tecnologías y su rápida asimilación en nuestra vida cotidiana amenazan con acabar, en tan solo unas décadas, con la hegemonía que ha ejercido el papel durante siglos.
Pero ¿realmente el libro impreso está condenado a morir? ¿A verse relegado a las estanterías de bibliotecas y coleccionistas particulares que añoran los tiempos pasados con olor a tinta? Si es así, ¿merece la pena autopublicar una novela en papel? Porque, en vista de este panorama nada halagüeño, parece que compensa hacerlo solamente en formato digital…